La final por el ascenso a Segunda División comenzó con un empate sin goles en un abarrotado El Toralín. La SD Ponferradina y el Celta Fortuna firmaron un 0-0 que deja completamente abierta la eliminatoria para la vuelta, en un encuentro marcado por la intensidad táctica, el rigor defensivo y el enorme respeto mutuo entre dos equipos conscientes de lo mucho que había en juego.
La Ponferradina intentó asumir la iniciativa empujada por su afición, que llenó prácticamente el estadio en una de las grandes citas de la temporada. Los bercianos buscaron imponer un ritmo alto y aprovechar el factor campo, mientras que el conjunto dirigido por Fredi Álvarez mostró la personalidad que le ha llevado hasta la final, sin renunciar a la posesión del balón.

La primera mitad fue muy disputada y con pocas ocasiones claras. El árbitro tuvo que intervenir en varias acciones de fricción, mostrando tarjeta amarilla a Andoni López en el minuto 26 y a Abdoulaye Keita en el 41. Además, el técnico local, Mehdi Nafti, fue amonestado desde el área técnica por sus protestas. El 0-0 al descanso reflejaba con bastante fidelidad lo ocurrido sobre el césped: mucha tensión competitiva y escasas concesiones defensivas.
Tras el paso por vestuarios, el encuentro mantuvo un guion similar. La Deportiva trató de encontrar espacios ante un rival muy ordenado, mientras que el filial celeste buscó aprovechar su velocidad y el talento de sus jóvenes futbolistas para sorprender a la contra. Ninguno de los dos equipos logró romper el equilibrio, y las defensas acabaron imponiéndose a los ataques.

En definitiva, fue un partido de ida cerrado, intenso y estratégico, con más tensión que fútbol ofensivo, en la que ninguno quiso cometer el error que pudiera comprometer sus opciones de ascenso. El resultado mantiene intacta la emoción de una eliminatoria que llegará completamente abierta a Balaídos la próxima semana.












