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El apeadero de Corbón vuelve a recibir un vehículo ferroviario tras más de trece años

Apeadero de Corbón con un vehículo ferroviario en la vía
Un vehículo ferroviario llega al apeadero de Corbón tras más de trece años.
Foto: Manuel Ramos Boronat

El apeadero de Corbón ha vuelto a registrar hoy la llegada de un vehículo ferroviario, un hecho que no se producía desde hacía más de trece años. Un momento cargado de simbolismo para la memoria ferroviaria de la zona y para quienes conocieron la intensa actividad que, durante décadas, se vivió en este punto del trazado.

Corbón fue una parada casi obligatoria para los trenes de mercancías, especialmente en la época de las locomotoras de vapor. Según recuerdan antiguos maquinistas, el agua del manantial de Corbón era de una calidad excepcional, incluso superior a la de otras aguadas cercanas como la de Matarrosa, lo que la convertía en un lugar muy valorado dentro de la línea.

La aguada se encontraba en pleno bosque, en un entorno aislado y singular. El procedimiento era tan técnico como físico: el maquinista saltaba desde la cabina a una pequeña plataforma y debía colocar manualmente el tubo para llenar el tender de la locomotora. Mientras el agua cargaba, el fogonero aprovechaba para revisar el fuego y preparar la máquina para continuar la marcha, en una escena cotidiana que hoy forma parte del recuerdo ferroviario.

El regreso de un vehículo ferroviario al apeadero supone un reencuentro con la historia, una imagen que muchos daban por definitivamente perdida. Más allá de su valor operativo, la llegada de hoy tiene un fuerte componente emocional y patrimonial, poniendo de nuevo el foco en la importancia que tuvo Corbón dentro del ferrocarril de mercancías y en la vida de quienes trabajaron en él.

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