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¿Y ahora qué...?

Grupo de personas protestando frente a la Junta de Castilla y León
Por Oncobierzo

Debe de ser eso, que la salud, cuando no duele, se olvida. Y cuando duele… bueno, pues ya veremos si hay médico disponible.

Llevamos desde septiembre de 2024 insistiendo, qué pesados, en algo tan extravagante como que el servicio de Oncología del Hospital del Bierzo funcione como debería. Una excentricidad, sin duda. También nos ha dado por reclamar plantillas completas, como si los profesionales sanitarios no pudieran multiplicarse por arte de magia o atender a tres pacientes a la vez mientras firman informes con el pie.

Durante año y medio hemos hecho ruido. Hemos molestado. Hemos salido a la calle, hablado con quién nos ha querido escuchar (y con quien no también), y hasta hemos conseguido algunas mejoras. Pequeñas, sí. Insuficientes, también. Pero curiosamente, mejoras que no habrían llegado si nos hubiésemos quedado en casa viendo cómo todo se deteriora con la dignidad de lo inevitable.

Y ahora ocurre algo fascinante, el cansancio selectivo. Porque luchar cansa, claro. Pero lo que parece agotar de verdad es implicarse. Protestar tiene fecha de caducidad, como el yogur. Pasado un tiempo, deja de interesar, hasta a la prensa. Ya no es noticia. Ya no llena titulares. Ya no apetece.

La normalización de lo inaceptable avanza con paso firme, listas de espera eternas, consultas saturadas, profesionales desbordados, fugas, falta de especialistas, especialidades que desaparecen… pero, oye, al menos no hacemos ruido. Qué tranquilidad.

Resulta curioso que quienes más deberían alzar la voz opten por el cómodo deporte de mirar hacia otro lado. Tal vez confiando en que, llegado el momento, siempre habrá alguien que haya seguido luchando por ellos. Porque eso sí, cuando el problema llama a la puerta propia, entonces sí: “¿pero cómo hemos llegado a esto?”

Cómo hemos llegado, preguntan. Pues así, poco a poco, silencio a silencio, ausencia a ausencia.

Nosotros, Oncobierzo, en nuestra obstinación casi ofensiva, vamos a seguir. Qué remedio. Seguiremos siendo insistentes, repetitivos y, si hace falta, incómodos. Porque alguien tiene que recordar que la sanidad pública no se defiende sola.

Eso sí, una cosa está clara, con apoyo seríamos más fuertes. Pero sin él, al menos, seguiremos siendo más ruidosos que el silencio.

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