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En las Navidades de 1977, 26 jóvenes soldados perdieron la vida en un trágico accidente en El Bierzo

Foto: Página de sucesos

Las Navidades de 1977 quedaron marcadas para siempre por uno de los accidentes de tráfico más trágicos ocurridos en la comarca de El Bierzo, un suceso que conmocionó a toda España y tiñó de luto aquellas fechas festivas.

En la madrugada del 30 de diciembre, alrededor de las 04:30 horas, un autocar que transportaba a 61 infantes de Marina colisionó violentamente con un camión cargado de cebada en el kilómetro 380 de la antigua carretera nacional N-VI (Madrid–A Coruña), a la altura de la localidad berciana de San Miguel de las Dueñas.

El balance fue devastador: 26 jóvenes soldados fallecieron, junto a los dos conductores de los vehículos, mientras que una treintena de personas resultaron heridas de diversa consideración. Muchos de los militares viajaban dormidos en el momento del impacto, ya que se dirigían a disfrutar con sus familias de los últimos días de las fiestas navideñas.

Según recogieron los periódicos de la época y un informe de la Guardia Civil, ambos vehículos circulaban a una velocidad excesiva y, en un momento determinado, uno de ellos invadió el carril contrario, provocando una colisión de extrema violencia. Diecisiete de los soldados murieron en el acto, mientras que otros siete infantes de Marina fallecieron posteriormente durante su traslado a la Residencia Sanitaria Camino de Santiago de Ponferrada.

La escena del accidente fue descrita por los cronistas de la época como dantesca. Los vehículos quedaron reducidos a un amasijo de hierros en medio de una fría y oscura noche de invierno, mientras los gritos de dolor y los gemidos se mezclaban con el sonido de las sirenas. Hasta diez ambulancias acudieron al lugar del siniestro para atender a los heridos, en un esfuerzo desesperado por salvar vidas truncadas en plena juventud.

Los cuerpos, muchos de ellos gravemente desfigurados, fueron iluminados por los faros de los vehículos de emergencia, una imagen que quedó grabada en la memoria colectiva de quienes participaron en las labores de rescate. La mayoría de aquellos jóvenes se dirigían a Madrid, Cataluña, Andalucía y Extremadura, destinos a los que 26 de ellos nunca llegarían.

Aquel trágico accidente dejó una profunda huella de dolor en innumerables familias y marcó para siempre a El Bierzo, una comarca que, pese a su belleza, ha sufrido a lo largo de su historia diversos episodios de gran dureza. Más de cuatro décadas después, el recuerdo de aquella madrugada sigue siendo símbolo de una de las páginas más tristes vividas en la zona durante unas fechas destinadas a la celebración y el reencuentro.

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